El
objetivo de este blog es dar a conocer las Encíclicas de San Juan Pablo II, publicar sus comentarios acerca de ellas y los de otros autores de prestigio para que el material sea fuente de inspiracion, meditacion y estudio.

viernes, 17 de abril de 2015

¡Sed testigos de la misericordia!


Oh inconcebible e insondable misericordia de Dios, ¿quién te puede adorar y exaltar de modo digno? Oh sumo atributo de Dios omnipotente, tú eres la dulce esperanza de los pecadores" (Diario, 951, ed. it. 2001, p. 341).
Amadísimos hermanos y hermanas: 
1. Repito hoy estas sencillas y sinceras palabras de santa Faustina, para adorar juntamente con ella y con todos vosotros el misterio inconcebible e insondable de la misericordia de Dios. Como ella, queremos profesar que, fuera de la misericordia de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el hombre. Deseamos repetir con fe:  Jesús, confío en ti.
De este anuncio, que expresa la confianza en el amor omnipotente de Dios, tenemos particularmente necesidad en nuestro tiempo, en el que el hombre se siente perdido ante las múltiples manifestaciones del mal. Es preciso que la invocación de la misericordia de Dios brote de lo más íntimo de los corazones llenos de sufrimiento, de temor e incertidumbre, pero, al mismo tiempo, en busca de una fuente infalible de esperanza. Por eso, venimos hoy aquí, al santuario de Lagiewniki, para redescubrir en Cristo el rostro del Padre:  de aquel que es "Padre misericordioso y Dios de toda consolación" (2 Co 1, 3). Con los ojos del alma deseamos contemplar los ojos de Jesús misericordioso, para descubrir en la profundidad de esta mirada el reflejo de su vida, así como la luz de la gracia que hemos recibido ya tantas veces, y que Dios nos reserva para todos los días y para el último día.
2. Estamos a punto de dedicar este nuevo templo a la Misericordia de Dios. Antes de este acto, quiero dar las gracias de corazóna los que han contribuido a su construcción. Doy las gracias de modo especial al cardenal Franciszek Macharski, que ha trabajado tanto por esta iniciativa, manifestando su devoción a la Misericordia divina. Abrazo con afecto a las Religiosas de la Bienaventurada Virgen María de la Misericordia y les agradezco su obra de difusión del mensaje legado por santa Faustina. Saludo a los cardenales y a los obispos de Polonia, encabezados por el cardenal primado, así como a los obispos procedentes de diversas partes del mundo. Me alegra la presencia de los sacerdotes diocesanos y religiosos, así como de los seminaristas.
Saludo de corazón a todos los que participan en esta celebración y, de modo particular, a los representantes de la Fundación del santuario de la Misericordia Divina, que se ocupó de su construcción, y a los obreros de las diversas empresas. Sé que muchos de los aquí presentes han sostenido materialmente con generosidad esta construcción. Pido a Dios que recompense su magnanimidad y su compromiso con su bendición.
3. Hermanos y hermanas, mientras dedicamos esta nueva iglesia, podemos hacernos la pregunta que afligía al rey Salomón cuando estaba consagrando como morada de Dios el templo de Jerusalén:  "¿Es que verdaderamente habitará Dios con los hombres sobre la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta casa que yo te he construido!" (1 R 8, 27). Sí, a primera vista, vincular determinados "espacios" a la presencia de Dios podría parecer inoportuno. Sin embargo, es preciso recordar que el tiempo y el espacio pertenecen totalmente a Dios. Aunque el tiempo y todo el mundo pueden considerarse su "templo", existen tiempos y lugares que Dios elige para que en ellos los hombres experimenten de modo especial su presencia y su gracia. Y la gente, impulsada por el sentido de la fe, acude a estos lugares, segura de ponerse verdaderamente delante de Dios, presente en ellos.
Con este mismo espíritu de fe he venido a Lagiewniki, para dedicar este nuevo templo, convencido de que es un lugar especial elegido por Dios para derramar la gracia de su misericordia. Oro para que esta iglesia sea siempre un lugar de anuncio del mensaje sobre el amor misericordioso de Dios; un lugar de conversión y de penitencia; un lugar de celebración de la Eucaristía, fuente de la misericordia; un lugar de oración y de imploración asidua de la misericordia para nosotros y para el mundo. Oro con las palabras de Salomón:  "Atiende a la plegaria de tu siervo y a su petición, Señor Dios mío, y escucha el clamor y la plegaria que tu siervo hace hoy en tu presencia, que tus ojos estén abiertos día y noche sobre esta casa. (...) Oye, pues, la plegaria de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este lugar. Escucha tú desde el lugar de tu morada, desde el cielo, escucha y perdona" (1 R 8, 28-30).
4. "Pero llega la hora, ya está aquí, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en Espíritu y en verdad, porque el Padre desea que le den culto así" (Jn 4, 23). Cuando leemos estas palabras de nuestro Señor Jesucristo en el santuario de la Misericordia Divina, nos damos cuenta de modo muy particular de que no podemos presentarnos aquí si no es en Espíritu y en verdad. Es el Espíritu Santo, Consolador y Espíritu de verdad, quien nos conduce por los caminos de la Misericordia divina. Él, convenciendo al mundo "en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio" (Jn 16, 8), al mismo tiempo revela la plenitud de la salvación en Cristo. Este convencer en lo referente al pecado tiene lugar en una doble relación con la cruz de Cristo. Por una parte, el Espíritu Santo nos permite reconocer, mediante la cruz de Cristo, el pecado, todo pecado, en toda la dimensión del mal, que encierra y esconde en sí. Por otra, el Espíritu Santo nos permite ver, siempre mediante la cruz de Cristo, el pecado a la luz del "mysterium pietatis", es decir, del amor misericordioso e indulgente de Dios (cf. Dominum et vivificantem, 32).
Y así, el "convencer en lo referente al pecado", se transforma al mismo tiempo en un convencer de que el pecado puede ser perdonado y el hombre puede corresponder de nuevo a la dignidad de hijo predilecto de Dios. En efecto, la cruz "es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre (...). La cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre" (Dives in misericordia, 8). La piedra angular de este santuario, tomada del monte Calvario, en cierto modo de la base de la cruz en la que Jesucristo venció el pecado y la muerte, recordará siempre esta verdad.
Creo firmemente que en este nuevo templo las personas se presentarán siempre ante Dios en Espíritu y en verdad. Vendrán con la confianza que asiste a cuantos abren humildemente su corazón a la acción misericordiosa de Dios, al amor que ni siquiera el pecado más grande puede derrotar. Aquí, en el fuego del amor divino, los corazones arderán anhelando la conversión, y todo el que busque la esperanza encontrará alivio.
5. "Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el alma y la divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por los pecados nuestros y del mundo entero; por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero" (Diario, 476, ed. it., p. 193). De nosotros y del mundo entero... ¡Cuánta necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy! En todos los continentes, desde lo más profundo del sufrimiento humano parece elevarse la invocación de la misericordia. Donde reinan el odio y la sed de venganza, donde la guerra causa el dolor y la muerte de los inocentes se necesita la gracia de la misericordia para calmar las mentes y los corazones, y hacer que brote la paz. Donde no se respeta la vida y la dignidad del hombre se necesita el amor misericordioso de Dios, a cuya luz se manifiesta el inexpresable valor de todo ser humano. Se necesita la misericordia para hacer que toda injusticia en el mundo termine en el resplandor de la verdad.
Por eso hoy, en este santuario, quiero consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia divina. Lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. Que este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al mundo. Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor Jesús:  de aquí debe salir "la chispa que preparará al mundo para su última venida" (cf. Diario, 1732, ed. it., p. 568). Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad. Os encomiendo esta tarea a vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, a la Iglesia que está en Cracovia y en Polonia, y a todos los devotos de la Misericordia divina que vengan de Polonia y del mundo entero. ¡Sed testigos de la misericordia!
6. Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.
Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia, para que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.

Padre eterno, por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.

miércoles, 15 de abril de 2015

«Misericordias Domini in aeternum cantabo»




1. «Misericordias Domini in aeternum cantabo»  (Sal 88, 2). Vengo a este santuario como peregrino para unirme al canto ininterrumpido en honor de la divina Misericordia. Lo había entonado el Salmista del Señor, expresando lo que todas las generaciones conservan y conservarán como fruto preciosísimo de la fe. Nada necesita el hombre como la divina Misericordia: eseamor que quiere bien, que compadece, que eleva al hombre, por encima de su debilidad, hacia las infinitas alturas de la santidad de Dios.
En este lugar lo percibimos de modo particular. En efecto, aquí surgió el mensaje de la divina Misericordia que Cristo mismo quiso transmitir a nuestra generación por medio de la beata Faustina. Y se trata de un mensaje claro e inteligible para todos. Cada uno puede venir acá, contemplar este cuadro de Jesús misericordioso, su Corazón que irradia gracias, y escuchar en lo más íntimo de su alma lo que oyó la beata. «No tengas miedo de nada. Yo estoy siempre contigo» (Diario, cap. II). Y, si responde con sinceridad de corazón: «¡Jesús, confío en ti!», encontrará consuelo en todas sus angustias y en todos sus temores. En este diálogo de abandono se establece entre el hombre y Cristo un vínculo particular, que genera amor. Y «en el amor no hay temor —escribe san Juan—; sino que el amor perfecto expulsa el temor» (1Jn 4, 18).
La Iglesia recoge el mensaje de la Misericordia para llevar con más eficacia a la generación de este fin de milenio y a las futuras la luz de la esperanza. Pide incesantemente a Dios misericordia para todos los hombres. «En ningún momento y en ningún período histórico —especialmente en una época tan crítica como la nuestra— la Iglesia puede olvidar la oración, que es un grito a la misericordia de Dios ante las múltiples formas de mal que pesan sobre la humanidad y la amenazan. (...) La conciencia humana cuanto más pierde el sentido del significado mismo de la palabra “misericordia”, sucumbiendo a la secularización; cuanto más se distancia del misterio de la misericordia, alejándose de Dios, tanto más la Iglesia tiene el derecho y el deber de recurrir al Dios de la misericordia “con poderosos clamores”» (Dives in misericordia, 15).
Precisamente por esto, en el itinerario de mi peregrinación he incluido también este santuario. Vengo acá para encomendar todas las preocupaciones de la Iglesia y de la humanidad a Cristo misericordioso. En el umbral del tercer milenio, vengo para encomendarle una vez más mi ministerio petrino: «¡Jesús, confío en ti!».
Siempre he apreciado y sentido cercano el mensaje de la divina Misericordia. Es como si la historia lo hubiera inscrito en la trágica experiencia de la segunda guerra mundial. En esos años difíciles fue un apoyo particular y una fuente inagotable de esperanza, no sólo para los habitantes de Cracovia, sino también para la nación entera. Ésta ha sido también mi experiencia personal, que he llevado conmigo a la Sede de Pedro y que, en cierto sentido, forma la imagen de este pontificado. Doy gracias a la divina Providencia porque me ha concedido contribuir personalmente al cumplimiento de la voluntad de Cristo, mediante la institución de la fiesta de la divina Misericordia. Aquí, ante las reliquias de la beata Faustina Kowalska, doy gracias también por el don de su beatificación. Pido incesantemente a Dios que tenga «misericordia de nosotros y del mundo entero».
2. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia » (Mt 5, 7).
Queridas religiosas, tenéis una vocación extraordinaria. Al elegir de entre vosotras a la beata Faustina, Cristo confió a vuestra congregación la custodia de este lugar y, al mismo tiempo, os ha llamado a un apostolado particular: el de su Misericordia. Os pido: cumplid ese encargo. El hombre de hoy tiene necesidad de vuestro anuncio de la misericordia; tiene necesidad de vuestrasobras de misericordia y tiene necesidad de vuestra oración para alcanzar misericordia. No descuidéis ninguna de estas dimensiones del apostolado.
Hacedlo en unión con el arzobispo de Cracovia, quien tanto valora la devoción a la divina Misericordia, y con toda la comunidad de la Iglesia, que él preside. Que esta obra común dé frutos. Que la divina Misericordia transforme el corazón de los hombres. Que este santuario, conocido ya en muchas partes del mundo, se convierta en centro de un culto de la divina Misericordia que se irradie por toda la Iglesia.
Una vez más, os pido que oréis por las intenciones de la Iglesia y que me sostengáis en mi ministerio petrino. Sé que oráis continuamente por esa intención. Os lo agradezco de todo corazón. Todos lo necesitamos mucho: tertio millennio adveniente.
De corazón os bendigo a los presentes y a todos los devotos de la divina Misericordia.



martes, 14 de abril de 2015

"No podemos olvidar a San Juan Pablo II" Papa Francisco Bula Jubileo de la Misericordia


"11. No podemos olvidar la gran enseñanza que san Juan Pablo II ofreció en su segunda encíclica Dives in misericordia, que en su momento llegó sin ser esperada y tomó a muchos por sorpresa en razón del tema que afrontaba. Dos pasajes en particular quiero recordar. Ante todo, el santo Papa hacía notar el olvido del tema de la misericordia en la cultura presente: « La mentalidad contemporánea, quizás en mayor medida que la del hombre del pasado, parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende además a orillar de la vida y arrancar del corazón humano la idea misma de la misericordia. La palabra y el concepto de misericordia parecen producir una cierta desazón en el hombre, quien, gracias a los adelantos tan enormes de la ciencia y de la técnica, como nunca fueron conocidos antes en la historia, se ha hecho dueño y ha dominado la tierra mucho más que en el pasado (cfr Gn 1,28). Tal dominio sobre la tierra, entendido tal vez unilateral y superficialmente, parece no dejar espacio a la misericordia … Debido a esto, en la situación actual de la Iglesia y del mundo, muchos hombres y muchos ambientes guiados por un vivo sentido de fe se dirigen, yo diría casi espontáneamente, a la misericordia de Dios »[9].

Además, san Juan Pablo II motivaba con estas palabras la urgencia de anunciar y testimoniar la misericordia en el mundo contemporáneo: « Ella está dictada por el amor al hombre, a todo lo que es humano y que, según la intuición de gran parte de los contemporáneos, está amenazado por un peligro inmenso. El misterio de Cristo ... me obliga al mismo tiempo a proclamar la misericordia como amor compasivo de Dios, revelado en el mismo misterio de Cristo. Ello me obliga también a recurrir a tal misericordia y a implorarla en esta difícil, crítica fase de la historia de la Iglesia y del mundo »[10]. Esta enseñanza es hoy más que nunca actual y merece ser retomada en este Año Santo. Acojamos nuevamente sus palabras: « La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia – el atributo más estupendo del Creador y del Redentor – y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora »[11]."

(cita textual)


miércoles, 8 de abril de 2015

Cardenal Stanislaw Dziwisz: El mundo necesita la Misericordia Divina

 
“Contemplando, junto con San Juan Pablo II, el cuadro de Jesús de la Misericordia, vemos no solamente nuestros asunto personales, sino también los difíciles problemas del mundo entero. En la Coronilla rezamos: „Padre eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la divinidad de Tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero (...) por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero” (Diario, 476). Pedimos por la Misericordia Divina para nosotros y el mundo entero, ¡porque el mundo de hoy necesita la Misericordia Divina! En Europa, en África, en Asia y en América – en todos los continentes se oye la llamada por la misericordia. Necesitamos la Divina Misericordia "donde reina el odio y la sed de venganza, donde la guerra causa el dolor y la muerte de los inocentes, se necesita la gracia de la misericordia para calmar las mentes y los corazones, y hacer que brote la paz. Donde no se respeta la vida y la dignidad del hombre se necesita el amor misericordioso de Dios, a cuya luz se manifiesta el inexpresable valor de todo lo humano. Se necesita la misericordia para hacer que toda injusticia en el mundo termine en el resplandor de la verdad." (Juan Pablo II, Homilía en Cracovia - Lagiewniki, 17.08, 2002).
El Santo Padre Juan Pablo II, en Cracovia – Lagiewniki, durante la consagración de la Basílica de la Divina Misericordia, confió el mundo entero a la Divina Misericordia.

Analizando la vida de San Juan Pablo II, podemos constatar que estaba ligada de un modo sorprendente con el misterio de la Divina Misericordia. Constituía un elemento esencial de su pontificado, por medio de su sensibilidad a los problemas del hombre, su pobreza y sufrimientos, y era respuesta al llamado del mundo contemporáneo, en el cual se expandía de  manera aterradora,  el egoísmo, la indiferencia y el desgano de los corazones. 
La historia inscribió el mensaje de la Divina Misericordia en la trágica experiencia de la II Guerra Mundial, durante la cual el joven Karol Wojtyla trabajó en la fábrica de soda cáustica „Solvay” en Borek Falecki, cerca de la colina donde se encuentra el cementerio de la Orden de las Hermanas de la Madre de la Divina Misericordia. En estos difíciles años, el mensaje de la divina misericordia fue para él un apoyo singular y una fuente inagotable de la esperanza. A menudo lo veían como rezaba sobre la tumba de la sor Faustina, y también en el periodo posterior, siendo ya sacerdote.
Siendo obispo, y más tarde ya como obispo metropolitano de Cracovia, visitaba entusiasmado el convento en Lagiewniki, pronunciando homilías circunstanciales y encontrándose con la juventud. También participaba en los Simposios organizados sobre el tema de la Divina Misericordia. El 5 de octubre de 1965, después de haber consultado al prefecto de ese entonces del Santo Oficio, el Cardenal Alfredo Ottaviani, el Arzobispo Karol Wojtyla comenzó el proceso de información concerniente a la vida y las virtudes de la Sor Faustina Kowalska, terminado solemnemente el 20 de septiembre de 1967.
El Santo Padre Juan Pablo II,  testigo contemporáneo de la Divina Misericordia, señalaba firmemente al Evangelio de la Misericordia, como uno de los motivos esenciales de la vida y de la esperanza del hombre. Para el Papa la misericordia fue una concentración particular de la divinidad del hombre (Dives in misericordia). Juan Pablo II recordaba su culto a la Divina Misericordia durante las peregrinaciones a Polonia, en las visitas en el Santuario en Lagiewniki.

A lo largo de todo su ministerio para la Iglesia Universal daba también el testimonio personal de la misericordia hacia los hombres sobre todo, a los enfermos, sufridos y moribundos. El Papa mismo vivió la misericordia y demostraba en la práctica como ella debe expresarse. Una lección singular de la misericordia fue el acto de perdón al terrorista turco Ali Agca, a quien el Papa visitó el 27 de diciembre de 1983 en una cárcel italiana. En este testimonio de perdón se colmaron perfectamente las palabras de confianza en la Divina Misericordia expresadas por Juan Pablo II cada día en la Oración del Señor: ”Perdónanos nuestros pecados, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.”

(del Mensaje del Cardenal Stanisław Dziwisz Arzobispo de Cracovia
al III Congreso Apostólico Mundial de la Misericordia (WACOM)
en Bogotá 15-19.08.2014

jueves, 2 de abril de 2015

La esencia de la devoción a la Divina Misericordia



“La esencia y el fundamento de la devoción a la Divina Misericordia son la actitud de confianza en Dios Nuestro Señor y la misericordia al prójimo. Esta actitud hacia Dios y hacia el prójimo constituye al mismo tiempo una condición para acceder a las grandes promesas que el Señor Jesús asocia a la practica de las nuevas formas de devoción que nos fueron transmitidas por Santa Faustina.

La Confianza define nuestra actitud hacia Dios y abarca no solamente la virtud de la esperanza, sino también las virtudes de fe viva, amor, humildad, perseverancia y contrición por los pecados cometidos. Sencillamente es la actitud del niño quien en toda situación confía ilimitadamente en el amor misericordioso y la omnipotencia de nuestro Padre celestial.

La confianza constituye la esencia misma de la devoción a la Divina Misericordia hasta tal punto que sin ella, esta devoción no seria tal, porque la primera y mas importante expresión de devoción a la Divina Misericordia es precisamente el acto de confianza. La misma actitud de confianza de por si sola (sin la practica de otras formas de devoción) asegura al alma confiada las gracias de la Divina Misericordia. Yo quiero brindar gracias inimaginables a aquellas almas que confían en mi Misericordia – prometió el Señor Jesús (Diario 687).Dejadles que se acerquen a este mar de misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán justificación, y el justo será confirmado en el bien. Todo aquel que deposite su confianza en Mi misericordia se llenara de mi divina paz a la hora de la muerte (Diario 1520)

La confianza no es solamente la esencia misma, el alma de esta devoción, sino que es ademas condición para obtener gracias. Las gracias de mi misericordia se obtienen mediante una ùnica vìa: la confianza. Cuanto mas confía un alma, mas recibirá. Las almas que confían ilimitadamente son para mi un gran consuelo, porque derramo sobre ellas todos los tesoros de mis gracias. Me regocijo que pidan màs, porque es mi deseo dar mucho, mucho mas (Diario 1578). El alma que confía en mi misericordia es muy afortunada, porque yo mismo cuido de ella (Diario 1273). Ningún alma que haya clamado por mi misericordia ha sido decepcionada o expuesta al mal. Me regocijo particularmente en el alma que deposita su confianza en mi bondad(Diario 1541)

La expresión externa de esta confianza es el cumplimiento de la voluntad de Dios comprendida en los mandamientos y obligaciones de los deberes cotidianos, como asì también en el reconocimiento de las inspiraciones del Espìritu Santo.


Misericordia – define nuestra actitud en relación a todo ser humano. El Señor Jesús le dijo a Sor Faustina: Yo reclamo (….) actos de misericordia, que sean expresión de amor hacia Mi. Habràs de demostrar misericordia hacia tu prójimo siempre y en todas partes. No deberás abstraerte, tratar de excusarte o evadirte de ello.. Te doy tres maneras de ejercitar la misericordia hacia el prójimo: la primera – mediante acciones, la segunda mediante la palabra, la tercera mediante la oración. En estos tres niveles esta contenida toda la misericordia y es prueba incuestionable de amor hacia Mi. Por estos medios el alma glorifica y reverencia mi misericordia (Diario 742)
La actitud de un amor real hacia el prójimo es también condición para recibir gracias. Si un alma no ejercita la misericordia de alguna u otra manera – el señor Jesús reitera el pensamiento evangélico – no obtendrá mi misericordia el día del juicio. O, si las almas solo supieran como acumular tesoros eternos para ellos, no serian juzgadas porque prevendrían mi juicio con su misericordia (Diario 1317)

El Señor Jesús quiere que sus adoradores lleven a cabo al menos un acto de misericordia durante el curso del dia, por amor hacia El. Hija mia - le dijo el Señore Jesús a Sor Faustina : sabed que mi corazón es todo misericordia. Desde este mar de misericordia fluyen las gracias sobre le mundo entero (….) y yo deseo que tu corazón sea honrado con mi misericordia. Deseo que esta misericordia fluya desde tu corazon hacia el mundo entero. No permitas que nadie que se acerque a ti parta sin confiar en mi misericordia que tan ardientemente deseo para las almas (Diario 1777)



(traducido de la pagina oficial de Faustinum  Asociaciòn de Apostoles de la Divina Misericordia, Lagiewniki, Cracovia

martes, 31 de marzo de 2015

Beato Michele Sopocko – confesor de Santa Faustina


Nadie mejor que Don Giuseppe Bart para escribir la introducción a la pequeña biografía de Sopocko, EL CAMINO DE SANTIDAD DE DON MICHELE SOPOCKO, padre espiritual y confesor de Santa Faustina, escrito por D. Henryk Ciereszko. Bart es Rector de la Iglesia del Espíritu Santo en Sassia (a unos pocos cientos de metros de la Basílica de San Pedro), el Santuario de la Divina Misericordia en Roma y sede del Centro de Espiritualidad de la Divina Misericordia. Don Bart es un incansable promotor de la Divina Misericordia, al verlo y escucharlo es tal la fuerza de emana que es imposible salir del Santuario sin haber sido ”tocado” por su entusiasmo para luego reflexionarlo más a fondo.
Traduzco el prefacio del libro publicado por Librería Editrice Vaticana en el 2008 (Ya había sido publicado en Polonia por WydawnictvoWAM en 2002). Así escribe Don Bart:

“Me pongo a a escribir este “prefacio” al libro sobre la vida de don Sopocko, en un espíritu de gran humildad, ya sea recordando el consejo el le diera a Santa Faustina “sin humildad no podemos agradar a Dios (D 270, 11X33) o porque no hay palabras que puedan sintetizar debidamente la cima alcanzada por don Sopocko en su vida sacerdotal entre un siglo y otro
Agregado a su intensa vida sacerdotal, repartida entre miles de tareas, entre ellas: profesor de teología en el seminario, escritor de textos teológicos y científicos (también un catecismo en lengua rusa), capellán militar, promotor de la construcción de iglesias, fundador de la liga antialcohólica, defensor de débiles y oprimidos particularmente durante la II guerra mundial (salvo a muchos hebreos) , co fundador de la Congregación de las hermanas de Jesús Misericordioso en 1941, padre espiritual y confesor de seminaristas y de las religiosas de la Congregación de la Beata Virgen Maria de la Misericordia (a la cual pertenecía sor Faustina), el mayor mérito que se le puede atribuir a él es el de la difusión en el mundo y en la Iglesia del culto a la Divina Misericordia.
En la vida de Don Sopocko su encuentro en 1933 con sor Faustina Kowalska fue determinante. El se convierte en su confesor y padre espiritual. Este encuentro de hecho le permite “redescubrir” la Divina Misericordia.
Don Sopocko, después de Santa Faustina, debe representar un motivo más para el redescubrimiento por parte de los sacerdotes de la devoción a la Divina Misericordia para que nosotros lo celebremos, prediquemos e invoquemos. Esta luminosa actividad de Don Sopocko, en la propagación de la Divina Misericordia cobro aún una mayor fuerza y actualidad después de la consagración al Mundo a la Divina Misericordia por parte del Beato Juan Pablo II.
Personalmente me he dado cuenta cuan verdaderas son las palabras que don Sopocko escribe en 1938 en su diario: “hay verdades que se conocen, y a menudo no se oye hablar de ellas aunque se comprenden. Asì ocurrió conmigo en cuanto a la Misericordia de Dios, tantas veces recordaba esta verdad durante las predicaciones, la repetía en las oraciones en la iglesia – sobre todo en los salmos – pero no lograba comprender enteramente su significado, profundizar en el conocimiento de su contenido…..fue solo algunos años después que comprendí el gran valor de esta obra, la inmensidad de esta idea…”
Don Sopocko, estimulado por Sor Faustina, profundizo el conocimiento de la Divina Misericordia comprendiendo que ella constituye el máximo atributo divino hacia los hombres.
El encuentro con un santo es un don de Dios y constituye un hecho inolvidable para un cristiano, pero en el encuentro y el dialogo entre dos santos (también la vida de Don Sopocko aunque no haya alcanzado aun el honor a los altares, representa la máxima expresión de santidad) se enciende la chispa divina que transforma el encuentro en una verdadera revolución de la vida espiritual, inicia y propaga el soplo del Espíritu Santo que aporta una nueva ola de frescura a la Iglesia (lo mismo ocurrió con San Francisco y Santa Clara,, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Avila).

Santa Faustina en su primer encuentro con Don Sopocko sintió repentinamente en su alma estas palabras: “He aquí Mi fiel siervo, él te ayudará a cumplir Mi voluntad aquí en la tierra. “ (D, 263) Y así ocurrió, de hecho Don Sopocko se empeño con todas sus fuerzas, hasta el fin de su vida, por la difusión en la Iglesia del culto y de la imagen de Jesus Misericordioso, atravesando infinidad de dificultades y obstáculos, por lo tanto se lo puede considerar, junto a Santa Faustina, como el co-realizador del culto a la Divina Misericordia; aunque lamentablemente, tal como le ocurriera a Moisés sobre el monte Nebo que no pudo llegar a ver el país de Caná dado por Dios a los Israelitas, así Don Sopocko tampoco pudo ver definitivamente aprobado el culto a la Divina Misericordia puesla muerte lo sorprendió el 15 de febrero de 1975, el día que se recuerda a Santa Faustina, patrona de la ahora Sor Faustina Kowalska.
Fue recién con la notificación del 30 de junio de 1978 (tan solo a unos pocos meses de la elección de Juan Pablo II a la Sede de Pedro) que la Santa Sede revocó la prohibición estipulada en la notificación precedente de 1959, por cuanto ya no existía ningún impedimento a la difusión de la devoción a la Misericordia Divina.
Espero que esta historia de la vida de Don Sopocko verdaderamente sintética, pueda ser seguida en breve por una publicación completa de sus obras, después de su nombramiento a Beato del Siervo de Dios Sopocko.(*)

(*) la beatificación de Michele Sopocko tuvo lugar el 28 de septiembre del 2008 en el Santuario de la Divina Misericordia en Bialystok.
  

lunes, 30 de marzo de 2015

Kazimierz Nycz: “La Misericordia Divina en la enseñanza de Juan Pablo”



(conferencia ofrecida por el Cardenal Kazimierz Nycz durante el Congreso Mundial de la Misericordia Divina, celebrado en Cracovia en octubre 2011.


“Es imposible hablar de la misericordia de Dios, sin fijarnos en el objeto de la misericordia, es decir el hombre, redimido en Cristo. Tampoco es posible presentar en este artículo todos los temas de la teología de la Misericordia Divina en la enseñanza de Juan Pablo II. Quiero centrarme solo en determinados aspectos, para extraer su esencia
El complemento a la teología de la Divina Misericordia es la primera encíclica del Papa Juan Pablo II, “Redemptor Hominis”(1979) ya que en el misterio de la redención, se revela en toda su plenitud el misterio del Dios misericordioso. Otro fruto de la teología papal de la Misericordia de Dios, y también una fuente de ulterior consideración, es la Exhortación Apostólica “Reconciliatio et paenitentia” (1984) . Juan Pablo II, muestra la Iglesia como una comunidad sacramental de la Divina Misericordia, y claramente enseña que el pecado en la economía de la salvación no puede ser visto como una condición, pero siempre es la oposición al misterio de la redención, que finalmente prevalecerá en Cristo.
Juan Pablo II ve el plano de la realización concreta de la misericordia de Dios en la persona del cristiano. Otras dos encíclicas “Dominumet vivificantem” (1985), y “Redemptoris Mater” (1987) coronan la teología de la Divina Misericordia, entendida como relación de amor entre Dios y el hombre. El Espíritu Santo es la fuente de la vida del Dios Misericordioso en el hombre, y Marìa es el modelo de la realización del amor de Dios en nosotros. Queda un aspecto más, tal vez la dimensión más importante de la comprensión de la Divina Misericordia,  explicada en la parábola de la viña de Dios: “Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto” (Lc 20,13). Dios habla como consigo mismo, para que su amor se demuestre en una luz másplena. Estas palabras revelan la naturaleza sacrificial de la misión del Hijo de Dios al mundo.
 Orígenes sagrados del culto de la Divina Misericordia
En la vida humana están íntimamente relacionadas y se determinan mutuamente dos realidades: conocimiento de Dios y el conocimiento de si mismo como hombre – ambos son complementarios entre sí. Palabras conciliares (Vat II) que afirman que Cristo “en la revelación misma del misterio del Padre y de su amor manifiesta plenamente el hombre al propio hombre” le permiten ver que Cristo revela a la gente el misterio de la misericordia del Padre, al mismo tiepo revela y muestra toda la profundidad de la humanidad. El misterio del hombre, de acuerdo con las enseñanzas del Concilio Vaticano II, se muestra a la gente a través de la revelación cristiana de la persona de Jesucristo.
La enseñanza del Papa Juan Pablo II puede orientar correctamente el culto popular a la Divina Misericordia. Se trata del hecho que si nosotros podemos adorar la misericordia como un atributo de Dios uno y trino, o si debemos limitarnos a la adoración de la misericordia “encarnada” en Cristo Jesús, es decir a la adoración de Cristo, el Misericordioso – como lo sugería W. Granat, o el Misericordioso Salvador, como lo proponía el beato M. Sopocko. Santa Faustina Kowalska en los escritos sobre la Divina Misericordia siempre habla de la misericordia, “Señor”, “Dios”, “mío”, “tuyo”, y nunca se habla de la Beneficencia, “el misericordioso” Salvador.  Por lo tanto la conclusión del análisis más profundo de las escrituras de Santa Faustina está clara: objeto de adoración en el culto de la Divina Misericordia es la misericordia misma, considerados juntos en la triple dimensión. Misericordia entendida como el mayor atributo de Dios, luego la misma misericordia que se encarnó en Cristo (Misericordia Encarnada) y la misericordia realizada por Cristo durante su vida terrenal y la gloria del cielo.

En vista de esto podemos ver, junto con Juan Pablo II; que el Cristo que encarna y manifiesta la misericordia de Dios a las personas, merece el más alto honor religioso. Las obras, acciones, actitudes y palabras de Cristo que revela a la gente el misterio del misericordioso Padre, forman parte integrante de el mismo y de su misericordia, y puede ser de alguna manera considerado bajo el nombre común de “la Divina Misericordia”. Cristo en sus obras, según Juan Pablo II revela la verdadera naturaleza de la misericordia de Dios, que tiene absoluta necesidad de reciprocidad, conmoviendo – respetando su libertad – el corazón del hombre.”